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Molino

Septiembre 2011
Menos mal que el pobre Quijote no tuvo que enfrentarse con uno de estos

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Almendros en flor

Desde el siglo XVIII viendo pasar a la gente

  Casa del siglo XVIII, testigo de historias y vidas, con sus paredes centenarias, que el tiempo erosionó sin piedad. Una vez majestuosa y orgullosa, ahora yace derrumbada y derribada, por el paso del tiempo y la negligencia humana, que la dejaron sola y abandonada. Las vigas de madera que sostuvieron su techo, ya no resisten el peso del olvido, y las paredes que fueron testigos mudos, hoy se desploman sin remedio. En su día fue hogar de familias, que compartieron alegrías y penas, y también fue testigo de momentos históricos, que la memoria humana aún conserva. Pero ahora su imagen es desoladora, y su ruina despierta tristeza y nostalgia, porque aquella casa del siglo XVIII, se merecía un final más digno y una mejor suerte. Que su ejemplo nos sirva de lección, para cuidar del patrimonio cultural, y para preservar nuestra historia y memoria, antes de que sea demasiado tarde para actuar.